¡PUEDES HACERLO!

Hace algún tiempo me pasó algo curioso. Paseaba por la calle con mi bebé en el carrito, me paré en un semáforo, se nos acercó un señor y nos dijo “qué bebé tan simpático… no sabes la que te espera.” Me quedé tan perpleja por el comentario que no se me ocurrió otra cosa que contestar “no, no lo sabe…”. Él “pero saldrá adelante!” Eso espero… Al cruzar, aquel hombre siguió su camino y yo el mío. Me llamó “eh!”, me giré y dijo: “lo hará. ¡Puedes hacerlo!”. Obviando lo que se me pasó por la cabeza sobre la salud de este señor y el instinto materno-protector, es curioso cómo de la manera más extraña y kafkiana, donde menos te lo esperas, sin saber muy bien cómo , alguien te enchufa una dosis de confianza: ¡PUEDES HACERLO!

A veces nuestra confianza puede decaer: sentirse inseguros con según qué compañía, temer la pérdida de algo o de alguien, volverse afectivamente dependientes, no atreverse a decir lo que se piensa, desesperanza y otras sensaciones y pensamientos que indican falta de seguridad. ¿Cómo es posible que perdamos la confianza en nosotros mismos? Ian McDermott afirma que hay dos formas. La primera, la que él llama terremoto, se debe a una pérdida inesperada o repentina: algo ocurre que nos deja desorientados, sin camino. Es el caso de las pérdidas de empleo, los cambios repentinos de trabajo o en la familia o la ruptura de una relación.

La otra forma de pérdida de confianza es la erosión. Considero que ésta es más difícil de prever y  de ser consciente de que poco a poco dejas de sentir seguridad en tu capacidad y en tus competencias. Ocurre como un desgaste, como si la barca en la que viajas seguro de ti mismo tuviera un pequeño pinchazo y se fuera deshinchando muy lentamente… cuando te quieres dar cuenta de lo que pasa, te encuentras en mitad de una tormenta achicando agua con un triste cubo sin tener más recursos para capear el temporal.

A veces llega un momento en que uno siente que ha perdido el propósito, el camino que se había marcado, y poco a poco acaba desorientado y resignado mientras no para de lanzarse mensajes negativos a sí mismo.

Está en nuestra mano cambiar esta situación. Evidentemente no se puede cambiar el pasado, pero sí se puede, y a partir de ahora, cambiar la perspectiva con la que se mira y la manera que uno tiene de hacer las cosas. Se trata de convertir la confianza  en una costumbre. ¿Cómo se comportaría una persona con confianza? ¿Cómo anda, cómo respira, cómo mira? Visualízalo, siéntelo, detállalo y hazlo hasta que te sientas cómodo en ese papel. Gana confianza haciendo cosas que necesiten tenerla. Recuerda: ¡Puedes hacerlo!

Rebeca Bermúdez
Psicóloga y coach

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